El diario Mete-orito

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viernes, 16 de diciembre de 2011

El pene encantado

 Cuento:         Damián Almenares- Marcela Laspoumaderes
Ilustraciones:  Marcela Laspoumaderes
Técnica:         Acuarela





 Erase una vez un joven salvaje que vivía feliz de la caza y de la pesca en unas
hermosas playas del Caribe.
Su cuerpo era fuerte y ágil, pero lo que realmente destacaba más en él era su inmenso miembro viril.

Su padre, un excombatiente, que tenía por mascota un gallo al que había amaestrado, estaba muy orgulloso del miembro de su hijo y cada vez que se metía un trago de más no hacía más que hablar de lo "bien dotado" que estaba su hijo "el Chama".
 El Chama disfrutaba día y noche de su sexualidad y tanta era la fama que fue cobrando que hasta una ninfa malvada quiso probarlo y tan prendada quedó de él que lo quiso para ella sola.
 Pero como el joven seguía con sus aventuras amorosas, la bruja, enfadadísima, hizo un conjuro con el cual convirtió el pene del muchacho en un pedazo de carne podrida que desprendía un olor nauseabundo.
 Cuando finalmente el Chama le mostró el pene a su madre esta, horrorizada, alzó las manos al cielo exclamando: "Chama, hijo mío... ¡¡¿Qué haz hecho?!! Que no se entere tu padre. ¡¡¡Con lo orgulloso que él se siente de tu miembro viril!!!"
 Como habrán de imaginarse el Chama tuvo que mostrarle lo que le pasaba a su padre que, al contrario de lo que se esperaba dijo: "Hijo mío, no se preocupe, ahora mismo vamos al médico."
 El médico, después de tres meses de darle descargas eléctricas en el miembro enfermo, además de cientos de medicamentos que lo debilitaban, tomó la decisión de cortárselo "Es la única solución"-dijo con el cuchillo en la mano. 
Así fue como fueron a parar a manos de la famosa "madrina" quien inmediatamente preparó un ungüento en su caldero al que, desgraciadamente para el padre, fue a caer su querido gallo terminando así como parte de la salvadora receta.
 Después de untarse religiosamente durante tres días el ungüento en el pene, el Chama pudo ver con satisfacción como su amado miembro había recobrado su salud y así, mientras lo acariciaba deleitado bajo la sombra de una palmera, vio aparecer ante sus ojos a la mujer de sus sueños.
Ella, por supuesto, no pudo resistirse a los encantos del Chama, quién deseoso de estrenar su falo ahí mismo le hizo el amor llevándola luego al mejor restaurante del pueblo:"El Trapo de Piso". 
 El Chama, orgullosos , le recomendó probar la deliciosa pizza de "condones usados encontrados". La muchacha estaba tan encantada por el pene del joven que los condones le supieron mejor que ningún queso que nunca hubiera probado.
Tan enamorada quedó la muchachita que en poco tiempo consiguió llevar al Chama a su gélido país.
Sabiendo que hacía frío el joven cazó un montón de ratas en "El Trapo de Piso" y se confeccionó un curioso tapado de piel.
En la aduana lo controlaron minuciosamente y después de unas cuantas advertencias, con muy malos modos, lo dejaron pasar.
Ni bien llegar a casa, La Froilan (ese era el nombre de la amada), preparó un sabroso baño.
 Estaba tan encantada que ni prestó atención cuando el muchacho, preocupado le mostró que en la punta de su pene le estaba saliendo un pico.
-"¿Por qué no tenemos relaciones anales?"-preguntó el Chama deseoso de satisfacer plenamente a su hembra.
-"¡No seas asqueroso, Chama!"-exclamó horrorizada al punto que el falo se introducía haciendo emerger de su ano unos mojones que la avergonzaron.
-"Es natural, cariño, no te preocupes"-la tranquilizó sintiéndose en la gloria.
 Tan feliz estaba la Froilan que lo lucía hasta en los saunas de más categoría y tanto gozaba con el pene del joven que ni se daba cuenta de que lo que su marido tenía entre las piernas era el cuello y la cabeza de un gallo.
Muchas noches iban a bailar la salsa. Rememoraban su encuentro en las playas tropicales, bebían mucho ron y eran las estrellas en las discotecas.
El joven se sentía un maestro y la Froilan se enorgullecía de poseer al hombre con el pene más grande del lugar.
 Con el paso del tiempo los desayunos empezaron a ser desagradables, el Chama se veía obligado a comer montones de yogures y frutas además del café con leche, mientras ella leía el periódico sin prestarle la menor atención y se tiraba disimuladamente unos resacosos pedos silenciosos que al joven le daban pavorosas ganas de cagar.
 Trabajando de ayudante de cocina tuvo un gran problema con el chef quien quiso pagarle una fortuna por su pene gallo para preparar una sopa para unos marqueses. El Chama, viendo el cuchillo en la mano del cocinero, reaccionó como tiempo atrás lo había hecho su padre.
 Los padres de la Froilan empezaron a socavar en la moral de su hija aconsejándole que no podía ir por la vida con un hombre que parecía más un animal que un hombre, que había que cultivarlo.
Los domingos lo llevaban a los museos y le pagaban cursos de latín y de buenas costumbres.
Para ahorrarse un dinero, cuando el Chama contrajo una enfermedad en sus muelas, contrataron a un dentista sanguinario que arrancó todas sus piezas con una pinzas suplantándose las por unas de oro transformando al joven casi en un gitano.
 La vida se fue tornando más y más insoportable para el Chama. La Froilan se juntaba con sus amigas a beber cerveza mientras él pensaba en sus playas y selvas queridas
 Una tarde, el Chama, harto de todo empezó a preparar su maleta para irse. La Froilan, desesperada, llamó de inmediato a su madre, ésta tomó la determinación de ponerle una bola de 1000 kilos en en el tobillo y de tragarse la llave para que no se pudiera escapar.
Después de varios días de encierro, mientras acariciaba a su gallo pensando en que era su fin, vio aparecer una luz que se fue haciendo más y más grande que se transformó en la "madrina" salvadora.
"Con el pico del gallo puedes abrir la cerradura que te esclaviza"-le dijo al punto que desapareció.






Sin pensárselo dos veces el Chama , ya íntimo amigo de su gallo, preparó su maleta, se puso su abrigo de piel de rata y se dirigió corriendo a la estación de autobuses más cercana rumbo a lo desconocido pues por razones burocráticas ya no podía regresar a sus adoradas playas.    




                                                                      FIN                                                              
           





Retratos pintados al pastel.

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